Campamentos, nieve y salud: el trabajo que continúa cuando cambia la montaña
04/08/2026
Cuando el invierno llega a la cordillera, una respuesta sanitaria depende de una compleja red
de recursos, logística y profesionales. En operaciones de alta complejidad, esta preparación
forma parte de una ingeniería sanitaria diseñada para entornos de alto riesgo, donde la
inteligencia médica, el trabajo en equipo, la continuidad operativa, la infraestructura adaptada
y el conocimiento del territorio son tan importantes como la atención clínica. La respuesta
comienza a construirse mucho antes de que alguien necesite atención.
Para quienes viven en Iglesia, la nieve forma parte del paisaje. También forma
parte de la vida cotidiana. Cambia los caminos, modifica los tiempos y obliga a
reorganizar actividades que durante el resto del año parecen simples.
En la cordillera, sin embargo, el invierno no representa solamente una dificultad
logística. También pone a prueba la forma en que se organiza una operación
sanitaria.
Cuando se habla de atención médica en proyectos mineros, muchas veces la
imagen que aparece es la de una ambulancia o un profesional asistiendo a un
paciente. Esa es apenas la parte visible del trabajo porque detrás existe una
preparación diaria que combina conocimientos médicos, organización, logística y
experiencia acumulada en un entorno donde el clima puede modificar las
condiciones de trabajo en pocas horas.
La nieve, el frío o las bajas temperaturas no crean los desafíos, los hacen más
evidentes. Por eso una operación sanitaria empieza mucho antes de que alguien
necesite atención. Cada jornada requiere revisar las condiciones meteorológicas,
evaluar el estado de los accesos, comprobar el funcionamiento de los sistemas de
comunicación, verificar la disponibilidad del equipamiento y anticipar alternativas
frente a posibles cambios del entorno. Ese trabajo preventivo permite sostener la
continuidad operativa incluso cuando las condiciones cambian de manera
repentina.
La respuesta no está en un único recurso, sino en la suma de capacidades que
trabajan de forma coordinada. La inteligencia médica y el trabajo en equipo
permiten anticipar escenarios y tomar decisiones acordes al contexto; la
infraestructura adaptada asegura que vehículos, comunicaciones y equipamiento
respondan en condiciones extremas; el talento local aporta conocimiento del
territorio y experiencia en montaña; y la planificación permite sostener la
continuidad operativa aun cuando el entorno cambia. Cuando la cordillera
impone condiciones muy diferentes a las de cualquier ciudad, ninguna de esas
capacidades alcanza por sí sola.
El territorio es actor principal
La medicina que se practica en la cordillera sigue siendo medicina. Lo que
cambia es el escenario donde debe aplicarse. La altura, las bajas temperaturas, el
esfuerzo físico, el viento y la distancia respecto de los centros de mayor
complejidad forman parte del contexto que cada profesional necesita considerar
al momento de evaluar una situación.
“En la temporada de invierno normalmente lo que ocurre es que se cierra el
camino, contamos con una ambulancia con oruga que en ese sentido nos
puede ayudar bastante como para solventar las limitaciones del clima y poder
llevar a cabo o realizar un traslado exitosamente.” Explica Benjamín Alzamora
Ramos, médico que se desempeña en el equipo de Emergencias de la operación
en Iglesia. Desde hace cinco años trabaja en la cordillera, coordinando la
respuesta sanitaria durante los meses más exigentes del año.
En ese escenario, la hipoxia, las bajas temperaturas y las condiciones climáticas
extremas favorecen la aparición de patologías específicas: el mal agudo de
montaña, el edema pulmonar y el edema cerebral de altura, además de
hipotermia y lesiones por exposición al frío. Según comenta Alzamora, se trata de
una de las consultas más recurrentes que recibe el equipo, y su abordaje exige
una preparación que combina el conocimiento científico con años de experiencia
en el terreno.
Por esa razón, muchos médicos y enfermeros que trabajan en operaciones
mineras complementan su formación con conocimientos específicos vinculados
a la atención prehospitalaria, la medicina en ambientes remotos y el manejo de
pacientes en condiciones de altura. La experiencia clínica se combina con la
capacidad de interpretar el entorno y adaptar cada decisión a las condiciones de
la operación. Lejos de reemplazar la formación tradicional, estas competencias la
amplían para responder a un contexto diferente.
La preparación puertas adentro
Cuando se habla de una emergencia suele pensarse únicamente en el paciente.
Sin embargo, una operación sanitaria también depende de que el propio equipo
pueda seguir trabajando de manera segura.
Durante el invierno, el control del equipamiento, la organización de los insumos,
la conservación de materiales sensibles a las bajas temperaturas y la coordinación
permanente entre los distintos integrantes del equipo adquieren una
importancia especial.
La enfermería, por ejemplo, enfrenta desafíos que muchas veces no aparecen en
otros ámbitos asistenciales. La altura modifica la respuesta fisiológica de las
personas, el frío extremo condiciona materiales, tiempos y procedimientos, las
distancias obligan a prever situaciones que, en un centro urbano, podrían
resolverse de otra manera.
Por eso, la experiencia no consiste solamente en haber atendido a muchos
pacientes. También implica haber aprendido a adaptar cada intervención al
entorno donde ocurre.
“La montaña se aprende en la montaña, no hay otro lugar donde nosotros
podamos diferenciar estas cosas", señala Anahí Angel Caballero Garay, enfermera
con años de experiencia en operaciones de altura . Además enfatiza en que
“también es muy importante la dinámica de grupo, que sería convivir con otras
personas durante doce horas catorce días, que son los roster con normalidad,
estar alejados de la familia también influye mucho. Creo que la montaña no es
para cualquiera y requiere mucho entrenamiento de salud mental y también
nuestro.”
Anahí es referente de enfermería y forma parte del equipo de atención de
Emergencias desde hace tres años, es quien coordina en altura el cuidado directo
del paciente y del equipo en las condiciones más exigentes.
Conocer el camino es parte de la respuesta
En la cordillera, el recorrido hacia un paciente también forma parte de la
atención. Las condiciones de un camino pueden modificarse durante la misma
jornada. Una acumulación de nieve, una baja visibilidad o un cambio repentino
en el estado del terreno obligan a evaluar continuamente cuál es la alternativa
más segura para llegar al destino. Por eso, la experiencia de quienes conocen
estos recorridos constituye un componente importante de la operación.
No se trata únicamente de conducir un vehículo. Cada salida es el resultado de
una preparación previa que contempla el estado de los equipos, las rutas, las
condiciones meteorológicas y la planificación del recorrido. Luego, en terreno, se
trata de interpretar el entorno y tomar decisiones que permitan mantener la
seguridad del equipo y preservar la capacidad de respuesta.
“No conocer el camino te complica en desviarte a algún lugar, cuando no hay
nieve la altura influye mucho. Por eso es importante conocer el camino porque si
no te podés desviar. También es importante conocer la camioneta. Por ejemplo
los filtros los tenemos que limpiar porque si no lo hacemos la camioneta se
puede limitar y empieza a perder potencia.”
Comenta Mario Fabián Chena, chofer de ambulancia en Emergencias desde hace
cinco años quien conoce como pocos los caminos de la cordillera en San Juan. Su
experiencia en la ruta durante distintos inviernos lo convierte en un actor clave
para decidir cuándo y cómo avanzar con seguridad.
“Sobre los cruces de ríos, si vos no los conocés y no sabes la profundidad que
tienen se puede quedar la camioneta ahí. La altura define e influye si es
necesario cambiar ruedas, poner cadenas, o lo que sea necesario hay que
sostener la respiración y todo en cámara lenta, no es lo mismo en la ciudad que
en unos minutos lo hacés. Arriba te lleva mucho tiempo y te agitas mucho.“
Preparar una operación también es desarrollar capacidades
La respuesta no depende de un único recurso. Depende de la suma de
capacidades entrenadas para funcionar como sistema, incluso cuando el
territorio impone condiciones exigentes. La inteligencia médica permite
interpretar cada escenario; la infraestructura adaptada asegura que los recursos
respondan en condiciones extremas; y la planificación hace posible sostener la
continuidad operativa aun cuando el entorno cambia.
Médicos, enfermeros, conductores especializados y otros perfiles vinculados a la
salud continúan incorporando conocimientos que complementan su formación
de base y les permiten responder a escenarios diferentes a los de una guardia en
la ciudad.
Del mismo modo, la participación de proveedores locales, la articulación con
instituciones sanitarias y la incorporación de profesionales de la zona fortalecen
una red de capacidades que permanece disponible para futuros desafíos.
Por eso es que, detrás de cada presencia sanitaria que responda a altos
estándares en la montaña hay mucho más que una intervención clínica: hay
planificación, formación continua, trabajo interdisciplinario y un conocimiento del
territorio que solo se construye con experiencia y articulación. Cuando llega el
invierno, todas esas capacidades se ponen a prueba. Y es precisamente entonces
cuando se comprende que la preparación comienza mucho antes de que ocurra
una emergencia.



